martes, agosto 14

estático frente a la maquina carnal, esperando uno de los veintiún colectivos línea 33 que salieron esa tarde a cometer su habitual bagaje estratégico, y tercero en una cola de no tantos agotados y famélicos futuros y pasados pero de ninguna manera presentes viajantes, por lo menos hasta dentro de cuatro minutos y algunos segundos, digo algunos por que bien se sabe que el segundo, hijo ultimo y mimado de su húmeda madre clepsidra, es a cualquier forma indecible. el hombre, respira ansioso cada imagen fugaz que se dispara hacia el, una mujer dentro de un colectivo azul y blanco que mira a una muchachita con cara triste que ríe junto a su amiga, al parecer de los pantalones rojos del hombre en la vereda que mira a la señora que esta parada frente a ellas, la que ahora ,mirando a un señor con una mochila verde que intenta negociar con la tardanza que le escupe su reloj pulsera, mira la hora. otra ves esa piel, como cada lunes, como cada tarde de lunes, hoy es pantalón negro, todo negro, y ahí está otra vez, como siempre esas líneas rojas sobre su piel/papel, que se adhiere, que lo llaman, y la imagina riendo junto a una amiga en una de esas aulas en el tercer piso del pabellón tres de ciudad universitaria (el único que el conoce, al igual que ella), las luces dormidas, solo primas lejanas sobre mástiles, mirando desde lejos, luchando contra la lluvia de sombras que las baña cada noche. están sentadas en el piso, se beben su presencia lentamente, ahora se pregunta si alguno de los obreros que hizo ese simple piso allá por el sesentaisiete, imaginó lo que el, dos animales inmersos en un pequeño sexo, tragando a bocanadas un mismo aliento azucarado.

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