
Como en esos ataques de pánico en el tren, donde tengo la sensación de que todos los que viajan a mi alrededor se van a tropezar al unisono y se me van a venir encima.
en pelotas bajo la lluvia del baño, miro fijamente mis pies, fundamentalista de la cabizbajes los enfoco -sé que no es la única mujer que voy a querer, pero no es lo que pienso ahora- me duele el cuello y pienso que siempre me baño mirandome los pies, en fuera de foco mi pito y la esponja vegetal (todo muy celeste). escribo y como en mis estados de paralisis del sueño, sucede la repeticion ciclica del mismo tironeo, movimientos espiralados en oposicion constante que forman circulos dentro de circulos, y todo esto hace a una gran flor. no escribir me lleva a la necesidad de la escritura, y ésta me deja sin palabras. los que laburan conmigo no llegan, escribo para olvidarme, para correrme, y no siento nada, salvo ese murmullo de cumbia y un TAC TAC muy particular y periodico, que viene del corte electrico de algun aparato de mierda que solo sirve para hincharme las pelotas cuando escribo, es como esos ruidos secos y solos, que me despiertan cuando estoy a punto de perder la guerra contra el sueño, y la realidad se me torna oscura y llena de pelos que flotan, y el TAC TAC que te arrastra y a la mierda todo, a la mierda el silencio. vuelve a pasar de nuevo, llego a un punto escribiendo en que ya no se de que estoy hablando, y empiezo a pisarme los cordones, mejor estirar un poco las piernas, y devolverle la bic al guardia de seguridad.
luego del chaparrón que sucede a la disforia, luego de que el patio se secara, es decir mi rostro. luego, descubro la mismísima sensación de fiebre y fatiga que llegaba después del después del cantarnos .
el cuerpo no cesa de moverse, camina, camina, camina, el cuerpo. la sangre regresa a la tierra, gota a gota, implacable camina, la sangre llueve a la tierra, lo nauseabundo y lo dulce se apoderan del paisaje, las sangre circula, y el cuerpo oye los gritos de la tierra, aprieta la tierra, des/sangra ! el cuerpo respira y tiembla. el animal jugando a la muerte respira .
en el fondo del lago antiguos hombres plantaron cruces vestidas de remeras blancas, estas cruces dicen un idioma, que se lee desde la superficie. una mujer muriendo en el prado, el hombre inocente la castiga en la espesa montaña. llegamos de un largo viaje pero estoy solo, ella me espera con su novio, hay autos apretados como botes, y esa sensación innominada salpicando las paredes de mi sueño.
soñé con juana, mi abuela juana, soñé que me abrazaba y decía -tranquilo pichón, te quiero- y lloro, ahora lloro en este momento cuando escribo, lloro. soñé que me llevaban en una carretilla por el campo, como antes, como cuando era un nene y jugábamos carreras de carretillas en Arana, llenos de todo. estoy tratando, trato y trato, la mujer que amo me enseño a escribir escapándole a la conciencia, escribir sin borrar, sin corregir, sin pensar, escribir y escribir. soñé que mi padre me besaba muy fuerte, hoy soñé, antes de que se fuera al hospital. lloré, lloré cuando mi abuela me abrazó, y desperté y comencé a llorar. estaba pensando, pensando sobre el miedo que siento de no poder decir, de no poder como es debido, como tiene que poderse, decir, que ya no tenemos todo, que soñar con lugares que no están, con personas que no son, y llorar, como escribir sin leer, llorar con inocencia si es que se puede, llorarme, llorarte, llorarlos, llorarnos.
Todo es silencio
en la fatiga de tus labios
que nos llevan a tumbas del olvido.
La vida nos muestra cada día un nuevo fantasma,
una nueva esperanza.
De a ratos nos arrodilla frente al mundo,
nos alarga los caminos, deshilacha los relojes,
frena el acompasado ritmo de tu cuerpo
y reviste de locura todos tus dolores muertos.
Martín Hennings.