miércoles, junio 20

El autor cumplió rigurosamente su ritual indigno, coloco su pantalón marrón donde debía, y su campera ya lleva los 36 grados y monedas correspondientes al individuo delante del ordenador (puñado de polímeros y metales paridos para amarse, con la tecnológica finalidad de brindar quien sabe que), estiró las medias para dejar tendiendo la zona de algodón humedecida por las plantillas, se siente seco, a salvo, como cuando vamos a un lugar desconocido y nos encariñamos con un objeto, por que nos hace sentir nenes, o mas inocentes que es lo mismo, una flor que vos solo crees que viste Inés, un caracol dormido en una bolsa llena de caracoles, una sirena narrando consejos maternales para evitar la oxidación de broches capilares, una batalla a muerte entre dos sordociegomudos en un deshabitado mar de algodón. el silencio

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