jueves, junio 28
Papá me pregunta si quiero mate cocido, me niego con el flequillo, salgo de la vieja cocina, camino por el collar de ladrillos que la rodea. Hay olor a mandarina por todos lados, menos donde están las flores, y en el galpón donde esta la balanza con sus pesitas. No me canso de mirar todas esas latas de leche en polvo, será por los colores. Lo veo pasar y me sonríe, siempre esta haciendo, y nunca logro entender que. Ahí se perdió otra vez, entre la puerta roja del baño y las plantas, hasta dentro de un rato largo no lo vemos. Comienzo a caminar mirándome los pies, hoy tengo esa camisa azul que tanto me gustaba, espero que no tarden mucho. Los autos de lejos parecen nubes sobre el agua, sobre todo si uno tiene siete años y el culo mojado por el rocío. Es azul y tiene el techo negro, y mucho olor a talco, que sale de una bolsita que cuelga del espejo, ese que dice noche-día, pero siempre me lo imagino cremita, el techo quiero decir. Ahora viene uno, pero no es, y otro y dos camiones y tres nubes mas.
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